Sucede con frecuencia que las personas me dicen: “¡no te imaginas
todo lo que me ha sucedido desde que comencé a pedir ayuda a los
ángeles! ¡Mi vida ha cambiado tanto! Me siento tranquilo/a y confío”.
Inmediatamente yo pregunto: “¿en qué confías?” y las respuestas que
obtengo son: “en el Señor”, “en mi mismo/a”, “en los demás”, “en la
vida”. ¡Qué maravilla!
Estamos muy acostumbrados a pronunciar
frases como: “que se haga la voluntad del Padre” o “Dios proveerá”. Sin
embargo, siento que en ocasiones no entendemos su significado y las
decimos sin confiar realmente porque a nuestros pensamientos y palabras
le impregnamos angustia o conformismo. He visto algunos rostros de
quienes las expresan, reflejar tristeza y desconsuelo como esperando lo
peor. Absolutamente, la voluntad de Dios es buena para todos. Él siempre
quiere lo mejor para nosotros sus hijos amados.
Poner las cosas
en manos de Dios es confiar en su infinito amor y sabiduría sin
imponernos ni dudar de la manera como se resolverán nuestros problemas.
No hay nada que restrinja más o demore la manifestación de nuestras
oraciones que el condicionar.
Por otro lado, entregar la situación
a Dios y sus ángeles no es renunciar a nuestros sueños. Tampoco es
darse por vencido ni mucho menos resignarnos. Es aceptar nuestro hoy con
completa gratitud, sin miedo, sin quejas; disfrutando plenamente el
momento. A veces creemos que deberíamos estar en otro sitio, con
personas diferentes, haciendo cosas distintas. Ciertamente, siempre
estamos en el lugar correcto, en el tiempo perfecto...
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