Tuesday, April 3, 2012

ENVIDIA: NI DESPERTARLA, NI SENTIRLA

 
 
La envidia proviene de la comparación, de sentirse inferior y víctima de las circunstancias. De creer que se ha sido "injustamente" tratado por la vida y de desear lo que no se tiene, pero el otro sí. "No he contado con los mismos recursos (oportunidades)", "no tengo dones", "a mí me ha tocado diferente", no soy tan atractivo/a”, "no nací en cuna de oro”, “llegué tarde a la repartición”, “no soy lo suficientemente bueno/buena”, etc., son algunas de las falsas creencias en nuestra mente. Todo lo anterior en realidad tiene un origen común: la falta de estima, confianza y amor propio. El mejor remedio entonces está en comenzar a valorarse y amarse uno mismo, y en agradecer las bendiciones con las que hoy se cuenta.

Una definición que encontré de la envidia cita: “tristeza o pesar del bien ajeno. Emulación, deseo de algo que no se posee”. Comprende que todo lo bueno ya se te ha dado, viene del Padre, te pertenece y nadie te lo puede arrebatar a no ser que tú lo quieras ceder. Dios es nuestra Fuente ilimitada de bienestar y nos ama a todos por igual, no hay distinción de ninguna índole, no tiene favoritismos. Todos hemos sido equipados con las mismas virtudes. Así que no codicies las de los demás, mejor encárgate de descubrir y sacar a flote las tuyas. ¿Acaso has olvidado que eres el amado hijo de Dios y que puedes brillar con luz propia? Abre tú también tus alas y con el apoyo celestial, vuela para realizar tus sueños.


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